dilluns, de febrer 06, 2006

Breve justificación republicana de la Renta Básica

Daniel Raventós

Cualesquiera que sean las diferencias que a lo largo de 2.500 años de historia de la libertad republicana hayan tenido sus distintos defensores, todos ellos comparten al menos dos convicciones.

Una: que ser libre es estar exento de pedir permiso a otro para vivir o sobrevivir, para existir socialmente; quien depende de otro particular para vivir, es arbitrariamente interferible por él, y por lo mismo, no es libre. Quien no tiene asegurado el “derecho a la existencia” por carecer de propiedad, no es sujeto de derecho propio –sui iuris—, vive a merced de otros, y no es capaz de cultivar ni menos de ejercitar (1) la virtud ciudadana, precisamente porque las relaciones de dependencia y subalternidad le hacen un sujeto de derecho ajeno, un alieni iuris, un “alienado”.

Y la otra: que sean muchos (democracia plebeya) o pocos (oligarquía plutocrática) aquellos a quienes alcance la libertad republicana, ésta, que siempre se funda en la propiedad y en la independencia material que de ella deriva, no podría mantenerse si la propiedad estuviera tan desigual y polarizadamente distribuida, que unos pocos particulares estuvieran en condiciones de desafiar a la república, disputando con éxito al común de la ciudadanía el derecho a determinar el bien público.

Lo que hoy consideramos la definición liberal de propiedad, aquella que en el XVIII Sir Blackstone caracterizó como “el dominio exclusivo y despótico que un hombre exige y ejerce sobre las cosas externas del mundo, con exclusión total de cualquier otro individuo en el universo”, que el derecho romano consideraba como el derecho absoluto –dominium- del propietario que no podía ser interferido por nadie, y que algunos teóricos iusnaturalistas supusieron un derecho natural, es, sin embargo, sólo una de las formas históricas que revisten las relaciones sociales en torno a objetos y que constituye la base de gran parte de los Códigos civiles actuales. El otro, la propiedad entendida como “control” sobre el recurso poseído, control que confiere independencia o autonomía moral y política, es el concepto de propiedad que interesa al republicanismo. Y no es otro que aquel que permite el desarrollo de “la libre individualidad, que florece cuando el trabajador es propietario privado y libre de las condiciones de trabajo manejadas por él mismo, cuando el campesino es dueño de la tierra que trabaja, o cuando el artesano es dueño del instrumento que maneja como virtuoso, y que sólo es compatible con unos límites estrechos de la producción y de la sociedad”. En esta tradición, la independencia que confiere la propiedad no es un asunto de mero interés propio privado, sino de la mayor importancia política, tanto para el ejercicio de la libertad como para la realización del autogobierno republicano, pues tener una base material asegurada es indispensable para la propia independencia y competencia políticas.

Las grandes desigualdades sociales son las causas de la falta de libertad. Estas grandes desproporciones en la riqueza, estas inmensas bolsas de pobreza, el hambre conviviendo geográficamente con la más insultante opulencia, todo ello provoca falta de libertad para la inmensa mayoría. Igualdad y libertad no son dos variables a elegir, si más de una menos de otra y viceversa. Las grandes desigualdades crean un problema profundo de libertad para la gran mayoría. El que no tiene la existencia material garantizada debe pedir permiso a otro para poder vivir. ¿Qué libertad tiene el trabajador que no sabe si el mes próximo, quizás la semana próxima, seguirá teniendo aquel puesto de trabajo que le proporciona el sustento diario? ¿Qué libertad tiene la mujer materialmente dependiente del marido o amante, que la maltrata, la domina y, a veces, llega a asesinarla? ¿Qué libertad tiene el desempleado que vive marcado con el estigma del subsidio público, si quizás vive en un país europeo, o de la caridad, si vive en un país pobre y tiene algo de suerte? No son libres como no lo es aquella persona que no tiene el derecho a la existencia material garantizada y tiene que pedir permiso a otros para vivir.

La propuesta de la RB, entendida como forma de garantizar las condiciones materiales de existencia, aumentaría la libertad de la ciudadanía; haría a los pobres y a los desposeídos más independientes, más capaces para hacer oír su voz; de resistir más articuladamente los procesos de desposesión que tienen lugar en todas partes en el nombre de la globalización. Posibilitaría que no tuvieran que vivir con permiso de otros.

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(1) Como apuntan María Julia Bertomeu y Antoni Domènech en un texto de próxima publicación, la “virtud” es algo inmensamente incomprendido en la filosofía política académica estándar. Dicen estos autores: “la tradición histórica republicana no se ha planteado nunca (a-institucionalmente) la cuestión de la virtud como un problema de mera psicología-moral. Desde Aristóteles, las refinadas calas psicológico-morales de la teoría política clásica en la virtud han ido siempre de la mano de consideraciones institucionales sobre la base socio-material de la misma. La virtud es, ciertamente, entendida siempre como capacidad psicológica para gobernar autónomamente la propia existencia social, y adquirir esa capacidad psicológico-moral de autogobierno es condición cuando menos necesaria para poder gobernar con justicia a otros igualmente libres y para dejarse gobernar con justicia por otros igualmente libres: el vicioso, por lo mismo que es incapaz de gobernarse y tratarse bien a sí propio, es también incapaz de gobernar y tratar bien a los demás.”

Y también, más adelante: “la virtud republicana no tiene nada que ver con el perfeccionismo moral, ni reclama una concepción moral más o menos caprichosa de la buena vida, completamente desconectada de las instituciones sociales básicas.”

Y finalmente: “Ideas máximamente vulgares –y por lo tanto, máximamente repetidas— se expresan en afirmaciones de este tipo: como el “liberalismo” no está comprometido con la virtud, no es una doctrina política moralmente perfeccionista (empeñada en hacer buenos ciudadanos), y por eso puede tener una concepción neutral del estado, y por eso puede ser una doctrina política no sectaria, sino tolerante. En cambio, el “republicanismo” está firmemente comprometido con la virtud de los ciudadanos; luego, es una doctrina política moralmente perfeccionista (empeñada en hacer buenos a los individuos); luego, es incompatible con un estado que sea neutral entre las distintas concepciones del bien; luego, es una doctrina políticamente sectaria, incompatible con la tolerancia entre las distintas concepciones del bien.”

1 Comments:

At 11:55 a. m., Anonymous Anònim said...

LA TEORÍA ALTERNATIVA es el desarrollo de la Renta Básica, como modelo económico, que surge ante el desarrollo tecnológico, que sustituye masivamente al empleo y hace de éste un instrumento económico precario y temporal en gran parte de los casos. Adapta la economía a la globalización y hace posible el desarrollo sostenible. Dada la riqueza actual es posible y necesario un nuevo planteamiento. Consiste en que cada ciudadano recibe 421 euros mensuales, fruto de una nueva y moderna recaudación fiscal sobre el incremento del IVA y un impuesto nuevo sobre la economía especulativa y financiera.
Responde a la Teoría Alternativa que trata de combinar lo que funciona del liberalismo y del socialismo, no para crear una “economía mixta” o un revoltijo de contradicciones imposibles de sostener, sino una nueva realidad. Según la fórmula Hegeliana, basada en el desarrollo de la dialéctica como análisis de la realidad, tal cual nos recuerda Ramiro Pinto Cañón “Los fundamentos de la Renta Básica y la ‘perestroika’ del capitalismo (Teoría Alternativa sobre economía política en la sociedad tecnológica y del bienestar)” (Madrid, Entimema 2003).
Lejos de planteamientos morales e ideológicos, el autor observa que la economía de mercado desemboca en la RB ineludiblemente y que esta medida es un instrumento económico necesario para el desarrollo sostenible y el progreso económico del tercer mundo. La RB no consiste en un modelo socialista reformado ni en un modelo liberal también revisado, ni es las dos cosas a la vez sino que, siendo una evolución de ambas, tiene entidad propia; surge del desarrollo evolutivo, mediante un proceso dialéctico en el sentido más estrictamente hegeliano, algo nuevo, diferente y diferenciado que no es la mezcla de las causas de que surge (Cf. pp. 223 a 347). Ante el debate sobre las medidas neoliberales, basadas en el monetarismo, como antítesis del keynesianismo, la RB aparece como la síntesis de ambas políticas económicas, superando a ambas e integrándolas al mismo tiempo, lo cual es el fundamento teórico necesario para enraizar la RB con la realidad económica de nuestra sociedad y su evolución en la historia (p. 475). La RB es el resultado del crecimiento económico y es el límite que permite hacer sostenible el desarrollo; pues “la racionalidad del mercado exige una base financiera repartida de manera general, una especie de plataforma económica en donde se instale y cimiente el mercado para que luego se desarrolle por sus propios medios” (p. 396).
Horacio García Pacios
(Presidente de ARENCI en León y Castilla,
Trabajador Social)

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