dijous, de febrer 02, 2006

La RB y la reforma fiscal

José Antonio Noguera

Los planes de reforma fiscal son siempre una oportunidad, para los partidarios de la RB, de “meter baza” y opinar sobre hasta qué punto se nos acerca o se nos aleja de una garantía de renta incondicional para todos. Ello es así porque, desde hace mucho tiempo, sabemos que una de las claves de la propuesta es la integración de fiscalidad y prestaciones sociales. Esto, dicho en plata, quiere decir que el sistema fiscal no deshaga las ganancias de igualdad y progresividad de las prestaciones sociales, ni viceversa, y que las acciones que ambos sistemas realizan de recaudar y pagar dinero a los ciudadanos se integren, por así decirlo, en una única “contabilidad”. Con una RB, por ejemplo, se sustituirían todas las prestaciones mínimas y no contributivas, pero también el mínimo vital del IRPF, y las deducciones y desgravaciones que puedan existir, muchas de las cuales son regresivas; y, si tenemos ingresos propios, la RB podría integrarse con las retenciones fiscales mensuales. Existe un amplio margen de oportunidades y diseños posibles que nos permiten operar en esa dirección. Y todo indicaba que el nuevo equipo de dirigentes que accedió a las riendas del PSOE con la victoria sorpresa de Zapatero en el congreso del año 2000 iba a emprender, aunque con moderación, dicho camino.

Sin embargo, los recientes anuncios y “globos sonda” del Gobierno en referencia a la reforma fiscal que planea llevar a cabo en un futuro próximo apuntan a que algunas de las esperanzas que se habían depositado en ella se verán defraudadas o, en el mejor de los casos, deberán esperar. Aún así, hay que decir también que algunas de las medidas anunciadas (como la subida, realmente notable, del mínimo exento, la actualización de los mínimos vitales, o la reducción del número de tramos) pueden ir en la buena dirección, por lo que, de cara a la RB, la reforma resulta ambivalente.

A la espera de que se concreten los planes del Ministerio de Economía y Hacienda, lo que ya parece claro es que las proclamas de dirigentes del PSOE como Jordi Sevilla (hoy ministro de Administraciones Públicas) a favor de caminar hacia una RB y de considerar la introducción de un tipo único han quedado relegadas en la mente de los actuales responsables económicos. Tampoco las repetidas admoniciones de Miguel Ángel Fernández Ordóñez (hoy alto cargo del Ministerio) para eliminar todas las deducciones y desgravaciones fiscales regresivas (como las de vivienda o planes de pensiones), y para igualar la tributación de las rentas del trabajo y las del capital, se recogen en los anuncios recientes; y ello no es baladí, por cuanto esas medidas hubieran liberado un importante volumen de recursos que se podría vehicular a aumentar el mínimo vital, que no es sino una forma encubierta de RB, e integrarlo con las prestaciones mínimas.

Cabe recordar que todas esas opciones fueron defendidas oficialmente, en su momento, en el informe de la comisión de expertos que el PSOE (entonces en la oposición) formó para elaborar una propuesta fiscal alternativa a la del PP, y también en el programa electoral con el que los hoy gobernantes se presentaron a las elecciones de 2004.

La verdad es que algunos, quizá por ingenuidad, esperábamos un poco más de atrevimiento en este terreno por parte de un gobierno que lo ha demostrado de sobra en otros quizá más difíciles. Un servidor todavía recuerda la sensación entre ilusionada e incrédula que le produjo la frase de uno de los más próximos asesores de Zapatero cuando, en una ocasión del año 2002 que no viene a cuento describir, se le acercó y le espetó: “nos interesa mucho vuestro trabajo sobre la RB, lo conocemos, y, es más, cuando ganemos las elecciones lo vamos a poner en práctica”. Uno, que en el fondo no es tan ingenuo, ya sospechaba que a tanto no se llegaría (sobre todo cuando fue Solbes, y no Sevilla, el elegido para manejar los dineros públicos), pero a la vista de las últimas manifestaciones, queda claro que no se camina en esa dirección.

¿Sería mucho pedir que, a la hora de concretar la reforma fiscal -lo que siempre lleva mucho tiempo- se tuvieran en cuenta los trabajos de la subcomisión de estudio sobre la RB que debe abrirse -esperemos que lo antes posible- en el Congreso de los Diputados? Máxime cuando medidas como las que inicialmente el propio PSOE defendía serían progresivas y deseables en sí mismas, independientemente de que se tenga o no como objetivo final el establecimiento de una RB. Bien haría el Gobierno en aprovechar esta oportunidad, porque no todos los días se hace una reforma fiscal, y bien harían también quienes en el PSOE simpatizan con la idea de la RB (o simplemente con la de una fiscalidad más justa y progresiva) en ejercer la presión y la influencia de que dispongan sobre los grises y decepcionantes planes del Ministerio.